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Formación de Discipulado

EL CONCEPTO DEL DISCIPULADO EN EL PENSAMIENTO Y LA PRÁCTICA WESLEYANOS

El discipulado cristiano en el pensamiento y la práctica de Juan Wesley y los primeros metodistas era:

1. Un proceso transformador: En el proceso de desarrollo guiado por el Espíritu Santo, el discípulo era transformado en su actitud, su entendimiento y su comportamiento. Al ser transformado así, el discípulo participaba en el proceso de transformar la sociedad en que vivía. El resultado de la renovación del creyente se manifestaba en la relación con sus prójimos y su labor en favor del Reino de Dios (expresión de su obediencia).

2. Un proceso de integridad: Los metodistas se esforzaron por mantener un balance en todos los aspectos del discipulado, cuidando no solo de su propia relación con Dios, sino también preocupándose por el prójimo en toda su dimensión humana, respondiendo a las necesidades físicas, espirituales, y personales, en la medida que entendían los factores que operan en la vida. Este discipulado íntegro se manifestó en ministerios íntegros, los cuales velaban lo mismo por las necesidades materiales de las personas como por las necesidades espirituales.

3. Un discipulado solidario: El medio por el cual Wesley medía la madurez del cristiano y la práctica del discipulado era cómo trataba un creyente al pobre. La definición de la perfección cristiana es amar a Dios y al prójimo. La mayoría de los primeros metodistas eran pobres, eran obreros de las clases pobres. Ellos conocían bien las necesidades del prójimo porque habían pasado por las mismas penas, los mismos peligros, la misma discriminación. Los metodistas que lograron una situación más cómoda o que provenían de la clase media o alta recibían la constante amonestación de Wesley de compartir sus bienes y dejar de vivir lujosamente, optando por vivir una vida sencilla y compartiendo sus posesiones con los pobres.

4. Un discipulado comunitario: Ningún metodista estaba solo en su peregrinaje de de discipulado y su crecimiento cristiano. Todo metodista tenía que participar en la vida de la comunidad, tanto en la comunidad de creyentes (las clases, las bandas y las sociedades) como en la comunidad de la Iglesia Anglicana y la comunidad donde vivía. Cada metodista era responsable por la persona a su alrededor en cuanto a lo espiritual y material.

Nuestra vivencia del discipulado es la respuesta que damos a la gracia y al amor de Dios, que no son ofrecidos en Cristo Jesús. También es la expresión en términos concretos del amor de Dios a través de nosotros hacia otros seres humanos y nuestro amor hacia Dios, que obra por medio del Espíritu Santo. Así que el discipulado y el ministerio vienen a ser una sola cosa.

CHAMBERLAIN, Marigene. Creer, Amar, Obedecer: El discipulado cristiano en la tradición Wesleyana. Ediciones Discipulado, Nashville, Tennessee, 1995. Pgs. 51s.

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